Laguardia, lagunas en tierras de vino.

Del nublado sin lluvia, se pasó al soleado con nubes. Protegidos por la sierra Cantábrica, sin viento, una mañana ideal para caminar. Fresquito al inicio y calor cuando se apartaban las escasas nubes.Aparcamos junto al polideportivo, ajustamos los niveles tras el cómodo viaje y emprendemos el camino previsto. Desde lo alto, la vista es preciosa. Bajo el gris metálico de las peñas, aparece un inmenso mar de colores variados.  Avanzado el otoño y recogida la vendimia, cada parcela de viñedo tiene su propia tonalidad en función de la orientación, de la variedad, de la antigüedad, del tipo de terreno,…..y de vez en cuando, amplias parcelas de cereal.

Para completar la visión policroma del paisaje, el verdor y la altura de los fresnos, indicándonos el lugar en que los humedales con su amplia variedad de vegetación, carrizos, etc. nos esperan para adentrarnos por los intrincados caminos y senderos, que el ser humano ha ido creando en su lucha por la adaptación al medio.

Al de poco de adentrarnos por los senderos señalizados, nos percatamos de que son varias las rutas que se entrecruzan, lo que nos obliga a reinterpretar cual es el recorrido que deseamos hacer, de entre los varios posibles.

El conjunto de humedales, declarado Biotopo Protegido por su singularidad, está constituido por las lagunas de El Prado de la Paul, Carralogroño, Musco y Carravalseca. Las dos “carras“, son cubetas endorreicas, es decir, zonas que carecen de drenaje hacia el exterior y que reciben como único aporte el agua de la lluvia.

En esta época del año, están totalmente secas y su superficie es completamente blanca, consecuencia de la composición salina del terreno circundante y de la evaporación del agua, acumulada durante la época de lluvias.

Desde lo alto, se observan los rastros de innumerables pisadas de animales, que se entrecruzan en la blanca capa de sal, que frecuentan  para completar su dieta.

Y así, bordeando las 4 lagunas, una tras otra, nos volvemos a presentar a las puertas de la villa medieval, en la que aún se conservan recias murallas y torres.

Caminamos un rato más y llegamos al Poblado de la Hoya, donde un guía nos pone al corriente de la historia y características de este asentamiento arqueológico de la Edad de Bronce (1200 a.c.) hasta el s.III a.c.

Finalizada la visita nos acercamos a un restaurante cercano, donde comimos estupendamente y tras la sobremesa de rigor volvimos a nuestros lugares de origen, con la satisfacción de haber pasado otro bonito día de convivencia y adquisición de conocimientos culturales, dos de los objetivos fundacionales de la asociación

La participación de 33 personas, 17 mujeres y 16 hombres. Aquí tenéis el enlace al álbum de fotos de esta salida.

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