Arantzazu – Urbia

Amanece un día espléndido. No falta nadie a la cita. Todos la están esperando.
Llegamos a Arantzazu e iniciamos el recorrido por la pasarela de madera, desde cuyos miradores divisamos unas espléndidas panorámicas, antesala de lo que nos espera cuando lleguemos a las cotas superiores.
La sierra de Elgea como fondo y debajo Araotz. Subimos zigzagueando y ya se empiezan a divisar hacia el oeste, el Anboto, Orixol, Udalaitz, Gorbea, Gasteiz, etc…

Al llegar a las primeras bordas, de la majada de Duru, se divide el grupo.
Unos, la mitad, optan por el recorrido suave, y enfilan directamente hacia Urbia, por el llano de Maia. La otra mitad, sube hacia el Aloñamendi, desde donde la panorámica ya es espectacular, con Oñati, a nuestros pies.

Con un sol radiante y el verdor intenso de las campas, es el momento y el lugar apropiado para probar un bocado, para reponer fuerzas y sacar la foto de grupo.
El descenso, en directo, nos permite abreviar el recorrido, para mirar hacia Urbia.
En el camino nos encontramos con abundantes vacas y caballos con sus txalas y potrillos recién paridos y las consabidas ovejas, e incluso una ardilla juguetona, que al percatarse de nuestra presencia decide esconderse en la espesura del bosque.

Al acercarnos al collado de Iferrutz, divisamos todo el cordal de Aitzkorri y por encima de él, a un helicóptero que realiza extraños movimientos. Nos tememos lo peor, pero enseguida alguien mejor informado nos indica que está subiendo material, porque por la tarde, desde Zegama, es la carrera del kilómetro vertical, antesala del Maratón de montaña. Y así, poco a poco, como una serpiente multicolor, nos vamos acercando a ese lugar que para la mayoría de los mendigoizales es mágico, las campas de Urbia y sus saioak o majadas.

Nos juntamos los dos grupos y empezamos a sacar las correspondientes viandas, y a compartirlas según la mesa en la que nos hayamos asentado. Lástima que la fonda aún no está abierta, para rematar con un cafecito pero unos cumpleañeros han tenido la genial idea de subir con todo el mimo del mundo unas cajitas de chocolatinas. Justo lo que faltaba. Qué forma más bonita de rematar una jornada de convivencia, alegría y compañerismo.

¡Era impensable soñar con disfrutar de un sol tan espléndido y al mismo tiempo de una suave brisa, que hacía que no se sudase, a pesar de la ola de calor y encima con aquel paisaje de fondo ! ¡¡¡Qué maravilla !!!

Muy a nuestro pesar, nos llega la hora de bajar, cuando empezamos a oír los chillidos de una chiquillería que empiezan a llegar a las campas y lo primero que observan es una imponente yeguada con sus esbeltos y graciosos potrillos.  Si no llegaban al centenar, no le faltarían muchos a la manada, de tal manera que parecía una sinfonía de cencerros de tonos diversos. Estupefacción y alegría en las caras de aquellos niños y niñas al ver la bucólica estampa. Y para rematar, resultó que eran de Durango e incluso un aittitte se juntó con su nieta. ¡¡¡Qué casualidad !!!

Y así llegamos a Arantzazu donde ya nos estaba esperando el bus. ¡¡Volveremos, claro que sí!! Puedes hacer clic aquí para ver el álbum de fotografías.

  • Asistentes: 45
  • Mujeres: 20
  • Hombres: 25
  • Recorrido corto: 13 kms
  • Recorrido largo 18 kms
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